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Concatenación

enero 14, 2013

Activé mi tarjeta de membresía en la biblioteca del condado que me queda mas cerca y he estado leyendo más. Acabo de leer The Neruda Case por el chileno Roberto Ampuero. Me gustó mucho, con su ficción del detéctive Cayetano Brulé desarrollando la narración de historias, reales y ficticias, de la vida de Pablo Neruda, y bosquejos de la vida en Chile, Cuba, México, Alemania del Este y Bolivia, a dónde la trama tralada a Cayetano en sus pesquisas.

Algunas descripciones fueron vívidas para mi en cuanto a Cuba (donde experimenté la sensación de terror en una nación sin libertades,) Chile (donde fuí por razones de negocios durante el gobierno de Allende y encontré la discordia entre mis amigos chilenos, con los que favorecían a Allende llegando al extremo de no hablarme mas,) México (buenos recuerdos de los restaurantes en la Zona Rosa,) y Bolivia (una hora en la terminal del aeropuerto de La Paz, sintiendo un mareo como efecto de la altitud a 3,600 metros.)

Por asociación de ideas busqué información sobre el autor cubano Leonardo Padura, quien también ha usado un detective, Mario Conde, para desarrolar algunas de sus narraciones. Su libro El Hombre que Amaba los Perros, sobre el cual había leído generalidades diversas, sin saber de que se trataba, narra historias, reales y ficticias, sobre Leon Trotsky, su asesinato y su asesino Ramón Mercader. De Trotsky sabía por amigos organizados en un grupo trotskysta en Cuba.

En la internet encontré que Mercader nació en Barcelona, España. Su madre era cubana, activa en el partido comunista en España, y su padre catalán.

Mercader fue asignado, siguiendo instrucciones de Joseph Stalin, para asesinar a Trotsky. Logró, a través de su amante, amiga de la familia Trotsky, ser aceptado también como amigo en la casa de Trotsky, fuertemente protegida por guardaespaldas.

El 20 de agosto de 1940 golpeó a Trotsky en la cabeza con un pico de hierro en la sala de su casa en México. Los guardaespaldas lo capturaron y lo entregaron a la policía. Trotsky falleció en un hospital al día siguiente.

Caridad, la madre de Mercader estuvo en la calle en un auto, en la cercanía de la residencia de Trotsky, cuando se cometió el asesinato, para llevarse a su hijo si lograba escapar. Cuando pasó el tiempo y Mercader no salía de la casa, se fué del lugar y abordó un avión huyendo fuera del país.

Mercader fué condenado a prisión. Cuando cumplió su sentencia fue a vivir a Cuba, con la aprobación del gobierno de Fidel Castro, hasta su fallecimiento.

La ficción de El Hombre que Amaba los Perros se establece a través de una relación de amistad del narrador en el libro con una persona a quien observaba todos los días caminando con dos perros dálmatas en una playa. El “Hombre” de los perros era un español que había establecido una relación personal con Mercader duante los años que vivió en Cuba.

Como coincidencia, leyendo The Wall Street Journal, encontré un artículo, The Brain of Baker Street, por Matthew Hutson sobre el libro The Scientific Sherlock Holmes, por James O’Brien.

Traduzco algunos párrafos:

Holmes señaliza una evidencia como significante pero no revela su uso inmediatamente, dejándola como un ejercicio mental para el lector. “El creador de Sherlock Holmes lo inventó,” escribrió en 1949 John Dickson Carr, el biógrafo de Arthur Conan Doyle, “y nadie… lo ha hecho tan siquiera la mitad tan bien…”

Su mayor influencia fué Edgar Allan Poe, quien había inventado el género de historias de detéctives en los 1840s. Poe’s protagonista fué C. Auguste Dupin…

La primera planilla de impuestos personales de Conan Doyle mostrando un ingreso de 154 libras le fué devuelta con una nota: “No es satisfactorio.” El la volvió a enviar con el comentario: “Estoy de acuerdo por completo.”

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