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Tiempos felices y tiempos violentos en Cuba

enero 23, 2018

Cuando yo era novio de mi esposa Teresa, ella cantaba en el coro de la Universidad de La Habana, del cual su hermana Yeyé era la subdirectora.

Yo la acompañaba con ferecuencia cuando ella iba a ensayar con el coro, lo que hacían en los escalones del frente del edificio de la Facultad de Filosofía.

Subíamos la escalinata, dejando a un lado la estatua del Alma Mater.

Cuando caminábamos a través de la Plaza Cadenas, al acercrnos al grupo de los compañeros de la coral, ellos le cantaban:

“Sun sun sun sun sun babaé, llegó Teresa, la hermana’e Yeyé.”

El sunsún, también conocido como picaflor o colibrí, es muy común en toda Cuba..

Revoletean entre las ramas de los árboles pequeños, sus alas se mueven a una increíble velocidad y del ruido de este rápido movimiento se puede claramente escuchar, sun sun. Una canción popular, el Sun Sun Babae, pájaro lindo de la “madrugá”, los hizo famosos en toda Cuba.

La canción fué compuesta por Rogelio Martínez, cantante, fundador y director de la orquesta Sonora Matancera. He leído que la tonadilla viene del siglo XIX, y que Rogelio Martínez fué quien la puso en un pentagrama, en un arreglo musical.

Esta es la interpretación de Doña Celia Cruz:

Uno de los miembros de la coral universitaria era Fructuoso Rodriguez, en los tiempos felices narrados mas arriba. Fructuoso está en la foto de la Coral en la última fila, al centro, con espejuelos; mi esposa Teresa en la primera fila, a la extrema derecha; y su hemana Yeyé, al centro, al lado de Ada Iglesias, directora, con flores en sus manos.

Tiempos después, la violencia se estableció en Cuba.

El Coronel Antonio Blanco Rico, jefe del Servicio de Inteligencia Militar, fue abatido a tiros en el cabaret Montmartre en 1955, por cuatro estudiantes de la universidad, uno de ellos Fructuoso Rodríguez. Lograron escapar, bajando del segundo piso donde se encontraba el cabaret, abordando un auto que los estaba esperando.

Algún tiempo después, Fructuoso y los otros tres del grupo del Montmatre, fueron sorprendidos como resultado de una delación, cayendo mortalmente heridos en un apartamento de Humboldt 7, en La Habana.

Un militante de la Juventud Socialista, Marcos Rodríguez (Marquito) fue acusado por Fidel Castro en 1962, en un juicio público, de ser el delator que ofreció a la policía de Batista la dirección del apartamento donde vivían los cuatro fugitivos del cabaret Montmatre. También acusó a dos viejos militantes del partido comunista, Joaquín Ordoqui y su esposa Edith García Buchaca, de haber protegido a Marquito antes y después del triunfo de la Revolución.

Marquito fué fusilado. Ordoqui y Buchaca fueron separados de todos sus cargos en el gobierno. Se les permitió permanecer en una finca de recreo en Calabazar, provincia Habana, recibiendo estipendios generosos.

Yo tengo la experiencia de haber sido buscado por la policía de Batista. Fueron a casa de mi madre en Luyanó, que era mi dirección de soltero. Yo me había casado con Teresa y vivíamos en un apartamento en el Vedado. Una cuñada vino a nuestro apartamento de noche, a avisarnos de que mi madre los había llamado, porque la policía me buscaba. (Nosotros no teníamos teléfono en nuestro apartamento).

Nos fuimos apurados a casa de los suegros a unas pocas cuadras de distancia. Nos dieron un cuarto para dormir. Nosotros no pudimos conciliar el sueño. Por la mañana fui a mi oficina y relaté el problema que tenía. Un compañero de trabajo me puso en contacto con un comandante del ejército, el Chino Mirabal. Lo fuí a ver a su oficina. Lo primero que hizo fue preguntarme si yo estaba metido en alguna actividad en contra del gobierno de Batista. Me dijo, si estás metido en algo, te vas de aquí y buscas quien te lleve a una embajada extranjera para obtener asilo politico.

Yo le aseguré que no estaba metido en nada. Entonces hizo una llamada telefónica. Me dijo hablé con el Comandante Mariano Faget. Vete a verlo en mi nombre.

Mi suegro me acompañó, y fuimos al Bureau de Investigaciones, (se muestra en la foto) que estaba situado en un edificio en la calle 23 del Vedado, a corta distancia de un Puente sobre el río Almendares. Mi suegro se quedó afuera y yo entré en el edificio, subiendo una escalera al frente.

Faget me recibió en su oficina. Estaba vestido de civil; un traje de muselina inglesa, y corbata de seda italiana. Me preguntó cual era el asusnto mío. Se lo expliqué. Me dijo, déjeme hacer algunos contactos. Baje por una escalera de caracol al lado de la recepción y siéntese en un salón en el piso de abajo.

Así lo hice. Pasaban las horas y yo esperando, mirando por una ventana que ya caía la tarde. Me entró pánico. Ocasionalmente habían atentados contra policias en frente a sus estaciones. Esas noches, la policía hacía una redada de quienes se encontraban detenidos, y a la mañana siguiente aparecían muetos, regados por calles de La Habana. Yo pensaba, no quiero quedarme aquí esta noche,

En eso Faget pasaba por donde yo estaba sentado, y le dije, Comandante, qué hay en cuanto a mí. Me dijo, no encontramos nada en contra suya, pero tenga cuidado, si está metido en algo, Ventura o Carratalá seguramente lo encontrarán. Ahora puede irse. (Ventura y Carratalá eran notorios por procedimientos fuertes, incluyendo asesinatos de quienes agarraban en actividades en contra del gobierno de Batista).

Subí la escalera de caracol, y salí bajando la escalera del frente. Me encontré con mi suegro, que me dijo que tenía dolor de cabeza. Nos fuimos a nuestras casas.

Resultó que un compañero de la Universidad de La Habana, Chilo Martínez, había sido detenido cuando distribuía panfletos en contra de Batista. Llevaba una pequeña libreta de direcciones en su bolsillo. Me enteré de ésto porque a otros compañeros de la Universidad también los fueron a buscar a sus casas. Yo fuí a visitar a Chilo cuando todavía estaba preso en el Castillo del Príncipe. Fué en un salón con un mostrador en el medio; de un lado varios presos, y del otro los visitants. Chilo me dijo que lo habían golpeado. En la oficina en que trabajaba, mis compañeros me dijeron que ir a ver a mi amigo fué una locura.

Unos meses después un amigo me pidió que me incorporara al clandestinaje de la lucha contra Batista. Acepté y me uní a una célula del Movimiento de Resistencia Nacional. Mi amigo era el jefe de esa célula. Mi tarea era distribuir propaganda y recaudar fondos para la resistencia, en la oficina donde trabajaba.

Nosotros tuvimos nuestro hijo en enero del 1958. Yo vivía con la agonía de ser capturado, hasta que Batista abandonó el País en un avión, con su familia y otras personas allegadas, en la madrugada del primero de enero de 1959.

Volvieron tiempos felices por un período breve. Fidel Castro comenzó con los fusilamientos y estableció una tiranía apoyada en la violencia, que ha continuado en Cuba hasta nuestros días, a distintos niveles de intensidad.

“…Sus cortos y polémicos períodos de bienestar y sus grandes conmociones han sobrevenido en forma aparentemente súbita, como producto de la violencia exterior o interna. Un pueblo extrovertido y alegre, y como tal, reconocido en su música y en su ser aparente, se ha visto negado a una historia feliz…”

Fuente: “Cuba: Economía y Sociedad”, Leví Marrero, 1972, Editorial San Juan, Puerto Rico.

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